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¿Sabrá volver?
¿Y si le pasa algo?
¿Y si hace daño o molesta a otras personas o a otros perros?
Pensaba que para poder soltar a mi perro con seguridad necesitaba tener una llamada muy bien trabajada, que me hiciera caso en cualquier situación.
Pero por mucho que lo intentaba no lo conseguía. Cada vez que le soltaba era un drama.
Intenté enseñarle con premios, juguetes… ¡con mil técnicas que siempre me habían enseñado en mis formaciones de educación canina!
Sabía que mi perro se merecía la libertad… ¿cómo iba a conformarme con llevarle con una correa larga que, al final, era incómoda para los dos?
Ya puedo llevar a mi perro sin GPS, con calma… sabiendo que elige estar a mi lado y que somos un equipo.
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